Bonita

Estas lineas salieron de mi pluma y se echaron al papel esta madrugada. Una de tantas en las que no puedo dormir por pensar en usted. No lo tome a mal Bonita, no es ningún pensamiento que le falte al respeto, yo reconozco una dama cuando la veo. Al contrario, lo que no me deja dormir por las noches es la impotencia de no tenerla, de querer con toda mi alma que no le falte nada, sin que usted me de permiso. 

Lo que me roba el sueño no son esos ojos grandes en los que mi conciencia cae en espiral cada vez que me ven, no. Ni tampoco esa sonrisa tan efímera que se le pinta en la cara. Lo que me quita el sueño es saber que usted no sonríe, Bonita. Pensar que se pasa los dias llorando por un hombre a medio terminar. Alguien que es tan poca cosa para usted que no le supo corresponder.

Y en parte mis desvelos son por cuenta propia, yo no soy mas que un cobarde que solo la ve desde lejos y desea con todo su ser verla feliz. Un cobarde que le escribe cartas que jamas enviara. 

Viernes

Estaba sentado como cada viernes en la ultima mesa del club de jazz que esta cerca de las vias del tren. No sé si sera que el ruido del tren me quita de la mente los tantos pensamientos que no me dejan en paz, si será la música que se toca ahi, o la clientela que frecuenta ese lugar lo que me había atraído al mismo desde ya hacia 3 años.

Los empleados, incluso los músicos conocían mi nombre. Jamas habiamos hablado, era yo demasiado antisocial para cruzar palabra con los presentes y creo que la única manera de que sepan mi nombre es por mi tarjeta de crédito. Iba cada viernes, casi religiosamente, a ver la gente interactuar con los demás. Yo, un espectador que aunque a solo unos metros de distancia, pareciera estar a años luz de los eventos que tenían lugar en ese club.
El estar a solas no me era fácil de primero, siempre hay uno que otro curioso o platicador que se acerca a buscar charla. A pesar de eso, al cabo de unos meses se dieron cuenta de que yo no iba a platicar y me dejaron en paz. Debo tener fama de amargado, ya nadie se me acerca.

Esa noche llego una mujer como jamas había visto, y como jamas he vuelto a ver desde entonces. Era de estatura mediana y tez morena y tenia los ojos mas grandes y penetrantes que me han puesto la mirada encima. Llevaba puesto un abrigo y su pelo caía hasta su cintura en suaves ondas. Me vio, y como si fuésemos buenos amigos se dirigió directo a mi mesa. Yo pretendí no verla pero ella había llamado la atención ya de todos los presentes, y lo sabia. Tratar de ignorarla era imposible.

— A que hora llega el tren, caballero?
— No sé.– respondi de media gana y tomé de mi vaso.
— Es evidente– contesto con una sonrisa burlona.
— Que cosa?– le reproché.
— Que mi presencia le ha impactado a usted tanto que no sabe como contestar y lo hace de la única manera en la que sabe hacerlo.
— No este tan segura.
— Ah no?– dijo– Sabe cual es la única diferencia entre usted y yo? Que usted trata de alejar a las personas, y yo simplemente no tengo la necesidad de agradarle a nadie.–

Se levanto y se fue.

Nunca nadie me había dado tan exacta descripción de mis demonios.

En .35mm De Mi Memoria

Por una fracción de segundo, una Mirada prolongada había de encontrar mi vida en un instante. Eran esos ojos dos faros en aquel océano de pasamientos, que invitaban a mi nave o tirar el ancla a babor, o a un dulce naufragio.

Me acerqué sin que él se percatara, con los pasos más silenciosos llegue por su espalda. Estando a s costado percibió mi presencia y levanto la mirada. En su rostro estaba la expresión más perpleja; como una mezcla de asombro y miedo. Sentí como se formaba un nudo en mi garganta, sentí también como si toda la sangre en mi cuerpo se trasladara a 100km por hora hacia mis mejillas. Y temí. Temí que fuera evidente que tenia pena/ alegría y gusto de estar parada frente a él. Con todas mis ganas desee que el se diera cuenta de que no había en ese instante lugar algotro dónde yo hubiese preferido estar que a escasos centímetros de su cuerpo.

Del otro lado no había certeza. Solo podía yo imaginar lo que pudiese haber estado pensando. Y en sus ojos solo vi confusión embriagante. Me fui.

Entre Comillas

En el umbral del salón, vi una figura robusta que crecía con cada segundo, rasgando y recortando la pálida luz, que provenía del exterior, en forma de una silueta.  Se acercaba. El contraste causado por la escasez de  luz en el salón, y la pequeña lámpara de petróleo en la mesa dejaban al descubierto el rostro fatigado de un hombre. No tenía menos de sesenta años, las arrugas cubrían su cara cual seda que ha sido tirada de mal modo. La poca luz profundizaba los pliegues en el manto de pellejo que cubría su cara.  La profundidad de las arrugas alternaba; unas (las que parecían comillas abrazando los extremos de su boca)  eran apenas riachuelos en esta topografía facial. Otras, la del ceño, eran hondas y le daban una expresión permanente de curiosidad e inquisición—un eterno pensador.

Tomó la silla más ancha sin una palabra a ninguno de los presentes. Tuve unas ganas inmensas de saber su nombre, de donde venia, a donde iba, y por qué había hecho escala en este salón. Yo había dejado de hacer lo que estaba haciendo para observarlo de reojo. Era el personaje más extraño y mas intrigante que había visto. La curiosidad me quemaba y pretendí dejar caer un lápiz con la escusa de reacomodar mi silla para verlo mejor. Era guapo. Aun con los riachuelos y caudalosos ríos de arrugas en su cara, se podían ver dos remolinos en sus mejillas, y las delgadas, pero prominentes comillas que enfatizaban su boca en una imperecedera sonrisa. Me pillo observándolo y las comisuras de su boca estiraron las comillas aun mas. Imité su mueca, pero con mucha menos gracia seguramente. El volteo su atención a una pequeña libreta que había extraído del bolsillo interior de su abrigo. De ahí mismo tomo un bolígrafo y comenzó a raspar el papel- lo hacía tan descuidadamente, que yo era incapaz de discernir si escribía garabatos, o esbozaba alguna imagen.

Me sentía incomoda, pero bastante intrigada. Había ya reacomodado mi silla, de modo de que mi hombro izquierdo sobresalía de mi perfil 3D y quedaba paralelo al suyo. Por unos cuantos minutos, que me parecieron largos, fingí escribir en mi cuaderno y ahora que lo pienso, fueron aquellos garabatos el prototipo de este escrito. De reojo lo veía raspar el papel con el bolígrafo; de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, en curvas continuas, o en trazos cortos. Yo fingía escribir atentamente…

De pronto sentí su presencia acercarse a mí y por los nervios, o temor a ser descubierta con una cuartilla de garabatos y sinsentidos en el cuaderno, lo cerré abruptamente. Levanté la vista, y vi su mano envuelta en un guante negro de piel, que se extendía y me ofrecía un pequeño papel color pergamino.  Era un retrato mío, con la luz de la lámpara de petróleo iluminando la coyuntura mi hombro izquierdo en 3D, que se asomaba desde un manto de cabello largo y oscuro que yacía de mi cabeza y venia a caer hasta mi cintura. Lo tomé. Le di las gracias con la voz más callada y tímida que jamás haya emanado de mi boca, y una sonrisa fugaz. Él repitió mi gesto, estirando las comillas aun mas, e inclinando la cabeza mientras pinchaba el borde de su sombrero entre la punta de los dedos índice, medio y pulgar. Se dio la vuelta. Y la silueta comenzó a hacerse pequeña. Se marchó. Sin una sola palabra, y ha sido el personaje más interesante que me he topado. Me pregunto si él se pregunta donde está ahora ese retrato apresurado que me entregó en ese salón.

Una Puesta de Sol

Hace calor, y ya se empiezan a ver espejismos sobre el asfalto. Al salir de la sala lo primero que veo es a ti reclinado en esa hamaca, con una cerveza en la mano y una sonrisa en la boca.

Me acerco sigilosamente a ti, sin que te percibas mi presencia. Con el sigilo de un gato, o tal vez de una loca, me acerco hasta el árbol que sostiene tu hamaca y te veo, te veo… devoro la vista en frente de mis ojos hasta saciarme, y una vez satisfecha me acerco aún más.

Tus gafas oscuras reflejan el sol y esconden tus ojos, que sé que no me han visto aun, pues te conozco a ti, y a esa costumbre tuya de cerrar los ojos mientras te meces en la hamaca. ­­­

Con los ojos aun cerrados besas la boca de la botella para pedirle un trago,  y no puedo evitar pensar, en cuanto me gustaría estar en su lugar…sin demorarme un segundo, me acerco, te robo la cerveza y de paso un beso, al cual tu respondes con una sonrisa y uno igual. Me siento a un lado tuyo y juntos vemos los arboles mecer su follaje con la suave brisa caliente. Me cuentas historias de tu infancia, ahora que la brisa avivó recuerdos, y yo sentada un lado tuyo, oyendo los gritos de las olas, la voz de la hojarasca, el susurro de la brisa y más cerca aun, tu voz. Me cuentas relatos que me hacen sonreír mientras yo leo con mis manos, el braille de tu rostro.

Así se pasan una, dos, tres, o cuatro horas y qué más da! Si ahora estoy oyéndote, leyendo tu cara con mis manos, y por primera vez desde que me acerqué a esta hamaca, quito los ojos de encima tuyo, volteo a ver el horizonte y no puedo pensar en otro lugar, u otra compañía que me haga disfrutar más esta puesta de sol.

 

Insomnia

Last night I could not sleep:tossing and turning in my uncomfortable bed devising unsuccessful tactics to fall asleep.

After 3 hours I stopped trying, one must always know when to give up.
Strange thing the night is,its silence wraps itself around your neck, and its bright darkness dilates your pupils. A beautiful thing the night is…

As I was trying once again unsuccessfuly to not think about not sleeping, one and a million thoughts crossed my mind.

Thousands of words could have emanated from my lips; but they did not.There’s nothing sadder than a voiceless thought.

To think that these thoughts, including this one I suppose, have no voice, and no one to listen to them if they did anyway. Things like that make me question the very existence of such thoughts. In a kind of if-a-tree-falls-in-the-forest-but-there-is-no one-to-hear-it-fall-did-it-make-a-noise?-kind of way

Whenever I can’t sleep, and in the million thoughts I have in those sleepless nights, I can’t help but long for an insatiable listener: a chronic insomniac who will allow these thoughts to exist in the realms we know. Sometimes I wonder if bored insomniacs long for a talkative storyteller…
It’s not a pretty sight to see the sun rising and realize one could have shared thoughts over a pitcher of black coffee, a glass of wine or a shot of tequila. Even worse it is to drink those alone, having a second cup for a listener who hasn’t shown up, and probably won’t

It feels like a waste of a beautiful night when the street lights go out and are replaced by the rays of an insomniac’s worst enemy. Not a waste of time because of the lack of sleep, but because of the lack of words; words that get stuck on the mind’s throat and choke the thinker every night—-over and over again.